viernes, 16 de julio de 2010
Cuento: El mago (Sexta parte)
*-“no fue difícil encontrarlos, tengo espías en todo el bosque, desde la hormiga más pequeña hasta el roble mas alto, todo aquí es mi esclavo y al que se atreva a oponerse a ello quedara encerrado para siempre”
*-“¿Qué quieres de nosotros?, exclamó el mago levantando la voz
*- “se que lograron encontrar mi cofre, quieren el secreto de mi poder, pero no lograron salirse con la suya”, dijo el feo mago
El duende cochero les quito la bolsa con aquel precioso cofre sin que ninguno de los pudiera hacer algo para impedirlo.
El mago y la niña hada estaban atrapados entre los horribles sirvientes del malvado mago y aquella espesa enredadera de venenosas espinas, muertos de miedo esperando un milagro para salvarse la vida.
Maleus miro al viejo mago fijamente, luego hizo lo mismo con la pequeña hada y exclamó:
-“son un par de pordioseros, unas ratas de la calle que toparon con suerte de hallar mi hermoso tesoro, se quedaran aquí encerrados, al borde de la muerte entre este hermoso puñado de delicadas hojas y espinas venenosas”
Todos los horribles esclavos de Maleus rieron maliciosamente mientras eran tomados por un gran tornado negro que salía del báculo de Maleus y los llevaba fuera de esa trampa mortal.
Los dos pobres prisioneros se vieron rodeados de norte a sur y de este a oeste por una horrible y apestosa hiedra que era capaz de matar hasta el más fuerte de los hombres.
El viejo mago saco de su costal una pequeña bolsita de terciopelo roja, saco su contenido, una pluma dorada proveniente de una muy rara ave que vive en las márgenes del lago de los sueños en una tierra lejana que conocen solamente los magos de buen corazón.
El mago puso la pluma en el centro de su prisión de hiedra y dijo las siguientes palabras mágicas: -“¡Pluma del lago los sueños, has tu pronta labor, sácanos de este encierro y mantennos a salvo de esta prisión, abre un portal entre la hiedra y libéranos lejos de aquí!”
Un arco se formo entre la maleza del lado este donde dejaba ver un camino de blanca piedra que dejaba ver las hermosas montañas nevadas, destino de los dos aventureros donde buscaran la flor de plata, para liberar a el Hada del bosque atrapada en aquel arrollo.
Los sin pensarlo emprendieron su camino hacia las montañas nevadas, cuidándose de los secuaces de Maleus. Ambos se mantenían alerta, mirando y analizando todo lo que se moviera, todo eso mientras recorrían el camino de piedra blanco que los conducirían hacia la preciosa flor de plata que liberaría a la guardiana del bosque.
Caminaron sin detenerse, a paso presuroso, temían ser encontrados por los esclavos y sirvientes de Maleus y querían liberar prontamente a el Hada del arrollo, las horas se pasaron volando y no sintieron cansancio alguno, su único objetivo era llegar lo más rápido posible a la flor de plata.
Llegaron al pie de la primera montaña nevada , ambos estaban muertos de cansancio, comenzaron a temblar por el frio y sus pies ya no daban paso alguno, solo su fuerza de corazón hizo que caminaran unos metros más, vieron aparecer lentamente una pequeña casita de madera con las luces saliendo de las pequeñas ventanas y de su chimenea brotaba humo, eran indicios perfectos que les indicaron que en esa casita vivía alguien, esto hizo que los dos viajeros sacaran sus ultimas fuerzas y llegaran a la puerta de la casa.
Dicha morada, no era mas grande que la altura del mago, la puerta era muy estrecha, era casi imposible que una persona del tamaño del mago, pudiera entrar en ella, de pronto el temor invadió al viejo.
*-“¿y si, esta casa pertenece a uno de los secuaces de Maleus?, es mejor alejarnos y no correr el riesgo, dijo el mago en voz baja.
Sin embargo un presentimiento en la niña, hizo que ella no dudara en llamar a la puerta de aquella diminuta casa.
De ella salió un pequeño duende regordete, con sus mejillas y nariz roja por el frio, vestía un traje color turquesa de terciopelo con botines de piel de zorro color blanco. El muy sorprendido de tal visita no tardo en preguntar quienes eran los dos visitantes que se atrevían a venir a estas áridas tierras.
Después de presentarse los dos viajeros le solicitaron ayuda para encontrar un lugar para descansar y cubrirse del frío. El duende amablemente los llevo a una cueva muy cerca de su hogar, y les prometió volver para llevarles alimento y abrigo.
Continuara…
By KimFruFe
lunes, 22 de marzo de 2010
Pobre Corazón
mirando por su ventana, queriendo ver la luz
luchando por no morir, luchando por resistir
guardando silencio, intentando vivir.
Pobre corazón, guardando esperanzas secas
soñando ver el sol, olvidando su dolor
dejanto todo su mundo, dejando su alrededor
solamente espera que llegue su gran amor.
Pobre corazón casi marchito
torturandose a si mismo aferrando una ilusión
queriendo apresurar el tiempo para matar su lamento
para matar su lamento y quitar su dolor
Pobre corazón angustiado
dejando de la lado su sentir
dejando atras el pasado, queriendo un futuro vivir
dejando de lado su vida, para la del amor vivir.
by.. KimFruFe
viernes, 8 de enero de 2010
Cuento: El mago (Quinta parte)
Los dos seguían escondidos entre los arbustos, viendo pasar aquel carro tétrico, en eso el cochero detuvo su andar tirando de las riendas de los dos mal olientes lagartos que parecían salidos del pantano más recóndito y sucio del mundo.
El feo duende bajo rápido del carruaje, y se dirigió donde estaba la olla con la sopa, el corazón del mago se quiso salir.
· -“oh no… nos descubrirán”, pensó el mago
El duende probo la sopa, miro los dos platos sobre el césped y volvió al carruaje, abrió la puerta del mismo, y unos pies pequeños e inflados salieron, era Maleus, un mago malvado de pequeña estatura, regordete con la piel gris, con cabellos tan negros como su alma, él vestía un traje negro con una gran capa larga, mas larga que el y que la arrastraba al ritmo de sus muy cortos y rápidos pasos; cargaba consigo un báculo de plata con un gran rubí en su extremo.
Maleus observo el lugar, con su báculo hizo aparecer a dos ratas negras que seguían sus órdenes y poniendo pose de rey exclamo con su voz chillona:
· -“Busquen por todo el lugar, debo encontrar quien se robó mi cofre”
El duende y sus ratas comenzaron a buscar por todo el lugar, en cada rincón, en cada árbol y en cada piedra, cada vez se iban acercando más y más donde estaban el mago y la pequeña hadita.
El mago dijo las siguientes palabras mágicas:
· -“ seré invisible no me pondrán ver, una pared transparente deberá aparecer”
Inmediatamente una pared invisible se puso entre los dos y el arbusto, y mágicamente los desaparecía del ojo de cualquiera que intentara buscar en ese arbusto.
Al no hallar nada los 3 secuaces de Maleus regresaron al carro y partieron para seguir la búsqueda.
El mago desapareció la pared y recogió la olla y los platos, y le dijo a la pequeña:
· -“ sea lo que sea que contenga el cofre, debe de ser algo muy poderoso e importante; no debe caer en manos de ese pillo otra vez, vamos pequeña sigamos el camino, pero con cuidado”
· -“ caminemos, caminemos y a la flor llegaremos, liberemos a mi maestra y así la felicidad será vuestra”, canto la hadita
Ambos siguieron el camino que conocían hacia la montaña nevada y durante el trayecto y bajo el más grande cuidado, comenzaron una gran plática, así el tiempo pasaría volando y no sentirían el cansancio.
· -“ pequeña hadita… ¿cual es tu nombre?”, pregunto el viejo curioso
La niña rio tiernamente,
· -“ mi nombre se encuentra en el cielo, como un manto de algodón, tapa el sol con su velo y encanta su color”
· -“¡Nube!”, grito el mago, -“ perfecto nombre para ti, Nube”
Ambos caminaron siempre cuidadosos de no ser vistos por posibles espías del malvado mago.
Al llegar al final del bosque, vieron un hermoso campo del color mas verde que las esmeraldas incrustadas en el cofre, era un pacifico y bello lugar que inspiraba confianza, ambos sonrieron y caminaron de la mano hacia ese maravilloso lugar, pero de pronto un remolino negro cubrió todo el cielo y rayos cayeron a diestra y siniestra; y la voz chillona de Maleus se escucho en el aire:
· -“creyeron que iban a escapar de mi, pues les tengo noticias mis ladrones amigos, nunca saldrán de los limites del bosque… ¡Nunca!”
El malvado rio fuertemente y una red de hiedra venenosa cubrió todo aquel hermoso campo verde, convirtiéndolo en oscuro y mortal impenetrable para cualquiera que rozara alguna de sus hojas causándole la muerte hasta al más fuerte de los hombres.
Continuara…
By… KimFruFe
sábado, 26 de diciembre de 2009
Cuento: El mago (Cuarta parte)
El mago abrazo a la pequeña protegiéndola, esta a su vez cambo su tamaño y se convirtió en una pequeñísima hadita que no era mas grande que un dedo pulgar y voló a esconderse en uno de los bolsillos del viejo.
La piedra no dejaba de estar iluminada por aquella impresiónate luz dorada que la comenzó a dividir en dos, el mago tapo su rostro y finalmente la piedra se partió a la mitad, dejando en el suelo un cofre de metal con piedras preciosas incrustadas. El mago se levanto del suelo y se restregaba los ojos aun algo cegados por la luz, la pequeña hadita se salió de su bolsillo y recobro su tamaño real, ambos se miraron perplejos y se acercaron lentamente al cofre.
El mago lo tomo en sus manos y comenzó a ver la delicadeza de sus trazos y adornos
* -“parece hecho a mano por el mas fino de los herreros”- dijo el mago, -“pero… ¿Qué tendrá dentro?
La cerradura tenia la forma de un trébol de 4 hojas, era una llave algo extraña y única.
* -“en ese cofre precioso dentro algo hay, tenemos que buscar la llave, y algún tesoro o secreto liberar”, dijo la niña
* -“si alguna cosa hay dentro de eso estoy seguro”, dijo el mago mientras pegaba su oreja al cofre.
El mago guardo el cofre en sus costal y siguieron caminando, durante el camino el estomago del pobre hombre comenzó a rugir, era evidente, el hambre apareció.
* -“consígueme unas piedras lisas del buen tamaño voy a hacer sopa”, le dijo a la niña
La pequeña consiguió unas piedras ovaladas lisas y limpias para la sopa del mago, este las tomo y las puso en una olla oscura y algo vieja, con un chasquido de sus huesudos dedos brotó agua que cayó a la olla y puso las piedras dentro, de su costal saco algunos girasoles y los puso dentro también. Volvió a chasquear sus dedos y una fogata de buen tamaño se puso debajo de la olla que comenzó a flotar justo encima de la llama.
Ambos, el mago y la niña, se sentaron cerca del fuego, al mago saco el cofre de nuevo para observarlo, vio las joyas finamente incrustadas dándole adorno a unas bellas flores talladas en el mismo metal, eran rubíes, esmeraldas y zafiros unas tan grandes como una moneda de plata y otras tan pequeñas como un grano de arroz.
* -“la llave es algo extraña, nunca había visto una cerradura así, y el único que tiene la llave fue quien lo escondió en la roca”, exclamó el mago.
El viejo se acerco a la olla y vio que su sopa estaba casi lista, de su bolsa saco un salero y le echó un poco de sal, del aire tomo una cucharilla de madera y probó aquel caldo.
* -“esta mas que lista, comamos”, dijo el mago muerto de hambre
Tronó sus dedos y aparecieron dos platos, un mantel y cucharas sobre el pasto, volvió a tronar sus dedos y la misma olla sirvió en cada plato una porción de aquella sopa de piedras.
Ambos comieron aquel delicioso y barato platillo a la luz del atardecer, al acabar de cenar se disponían a dormir plácidamente cuando de pronto; escucharon el sonido de dos trompetas de un carro de la realeza, ambos, el viejo y la niña se pusieron de pie rápidamente.
* -“volaré alto para poder ver que acontece y a que se debe ese sonido, así veremos si corremos algún peligro”, dijo en voz baja la niña hada.
La niña tomó altura sobre la copa de los robles más altos y observó hasta donde llego su vista; vio un carruaje negro enchapado con metal, conducido por dos grandes lagartos y su cochero era un duende viejo con una mala cara.
* -“huyamos, corramos, debemos escapar, se acerca Maleus el mago del mal, el encerró a mi maestra y se apodero del lugar”, grito la niña desde lo alto.
Los dos corrieron a esconderse entre unos arbustos de moras silvestres, y vieron pasar aquel carro y oler el asqueroso aliento de las dos bestias que lo conducían.
* -“¡Maleus! , así que el fue quien se adueño del bosque”. Dijo el mago asombrado
Continuara…
By… KimFruFe
domingo, 15 de noviembre de 2009
Cuento: El mago (tercera parte)
Decido a responder su duda, partió hacia el interior del bosque, camino al arrollo, durante su trayecto le pareció escuchar una voz traída por el viento, ondulante; el mago no entendía lo que la voz le susurraba pero cada paso que daba la voz sonaba más fuerte y mas cercana a el.
Las palabras fueron cada vez mas claras, una voz de una infante, acariciaba su oído cantando lo siguiente: “corre mago, corre a mi, que en el arrollo hay un querubín”. El hombre ya cansado no paraba de seguir esa tan hermosa voz, atentamente escuchaba cada palabra de ese cántico que cada vez se iba extendiendo más.
- -“Corre mago, corre a mi, que en el arrollo hay un querubín, corre mago, corre ya, que el día acabará”.
Durante todo el trayecto, esa voz acompaño al mago, lo dirigía por el camino correcto hacia el arrollo del bosque. Al llegar a aquel pacifico y bello lugar con aguas cristalinas y flores doradas, vio la figura de una hermosa hada reflejada en el agua, pero no la veía en tierra, en carne y hueso.
El hermoso reflejo del Hada exclamó: -“Le agradezco que haya respondido a mi auxilio, soy el Hada guardiana del bosque y he sido encerrada en las aguas del arrollo, siendo un reflejo hace tiempo ya… solo tu puedes liberarme”.
- -“¿como podría yo ayudarte?, mi magia ha perdido su encanto, sin una pizca de felicidad no puedo hacer las maravillas que podía realizar antes”, dijo el mago con lágrimas en los ojos.
El hada miro al mago y con una sonrisa extendió su mano y una bella hada pequeña salió entre los arbustos, la niña reía dulcemente, y su forma de hablar eran cánticos que parecían provenientes de los mismos ángeles.
- “ella es mi aprendiz, ella te ha buscando por todas partes, te guió hacia aquí con su canto y se presento hacia ti como el anciano mendigo en el pozo del pueblo”, dijo el hada con una sonrisa en su rostro.
El viejo mago aun atónito, seco sus lágrimas, se acerco a la imagen en el arrollo, se arrodillo para quedar frente a ella, tocó el agua suavemente con sus dedos, miro al hada a los ojos y le dijo con voz gentil: “Dime como puedo ayudarte, por ti lo haré”
El hada movió su mano y un remolino se formo en las tranquilas aguas del arrollo, y una imagen apareció entre ellas, era una flor de plata, plantada en lo alto de una montaña nevada que a pensar del frío y el ambiente árido la flor no estaba marchita.-“Tienes que traerme esa flor” dijo el hada, -“con ella y unas palabras mágicas quedare libre”.
El mago reconoció el lugar, sabia que estaba muy lejos a muchos días de distancia, pero estaba decidido; iba a ayudarla.
El mago partió del arrollo rumbo a su casa, con el fin de alistarse para tal hazaña, entro como un rayo, tomo un costal viejo y sucio, lo lleno con alimento, tomo unos frascos con pócimas mágicas, cuerno de rinoceronte azul para el cansancio, barbas de duende de oro, para iluminar lugares oscuros y un poco de pétalos de girasoles de campos del norte, para darle sabor a la sopa de piedras que el cocinaba.
Tomo todas sus cosas y se fue por el camino que recordaba para llegar a la montaña donde se encontraba la flor de plata, mientas emprendía su camino, sentía que alguien o algo seguía sus pasos, pero al voltear solo el silencio y el viento entre las ramas de los robles mas viejos y altos lo seguían. Siguió su camino pensando en como iba a poder llegar tan lejos si solo era un viejo mago triste y solo, cuyos poderes no podía hacerlo feliz; en eso un dulce cántico llego a sus oídos: -“ llegaras, llegaras y a mi maestra liberaras, la felicidad será eterna y nada os detendrá”.
El mago asombrado volteo y vio a la hermosa hadita, la que cantaba dulcemente y su risa era de ángel: -“ ¿que haces aquí pequeña?” – Pregunto el mago a baja voz, -“vine a seguirte vine a ayudarte, pues mi tarea es esa, ir y buscarte”, -“yo te guiare por el buen sendero y algunos de los peligros los defenderé con esmero, tu felicidad será eterna si el Hada del bosque al fin el arrollo la libera”, dijo la pequeña hada con su mirada y voz celestial.
Ambos siguieron caminando y la hermosa hadita no dejaba de cantar, eso hacia que el mago dejara de pensar en sus miedos y tuviera esperanza.
- -“¿puedes cambiar tu forma física entonces pequeña?”, pregunto el viejo recordando al mendigo en el pueblo, -“bien me enseño mi maestra, bien que me enseño, pero cambiar mi forma, es algo que dentro de mi surgió”, dijo la niña riéndose pícaramente.
Muy cansado el mago decidió sentarse en una gran piedra que en su camino apareció, saco un pañuelo que guardaba, lo extendió y seco su frente, sin darse cuenta que unos polvos mágicos dorados cayeron del pañuelo sobre la piedra en que se había sentado a descansar sus flacas piernas, de pronto, la gran piedra comenzó a moverse, mago se tiro al suelo sin saber que provocaba que una cosa inerte se moviera y sus ojos quedaron atónitos con lo que vio….
Continuara…
