Decido a responder su duda, partió hacia el interior del bosque, camino al arrollo, durante su trayecto le pareció escuchar una voz traída por el viento, ondulante; el mago no entendía lo que la voz le susurraba pero cada paso que daba la voz sonaba más fuerte y mas cercana a el.
Las palabras fueron cada vez mas claras, una voz de una infante, acariciaba su oído cantando lo siguiente: “corre mago, corre a mi, que en el arrollo hay un querubín”. El hombre ya cansado no paraba de seguir esa tan hermosa voz, atentamente escuchaba cada palabra de ese cántico que cada vez se iba extendiendo más.
- -“Corre mago, corre a mi, que en el arrollo hay un querubín, corre mago, corre ya, que el día acabará”.
Durante todo el trayecto, esa voz acompaño al mago, lo dirigía por el camino correcto hacia el arrollo del bosque. Al llegar a aquel pacifico y bello lugar con aguas cristalinas y flores doradas, vio la figura de una hermosa hada reflejada en el agua, pero no la veía en tierra, en carne y hueso.
El hermoso reflejo del Hada exclamó: -“Le agradezco que haya respondido a mi auxilio, soy el Hada guardiana del bosque y he sido encerrada en las aguas del arrollo, siendo un reflejo hace tiempo ya… solo tu puedes liberarme”.
- -“¿como podría yo ayudarte?, mi magia ha perdido su encanto, sin una pizca de felicidad no puedo hacer las maravillas que podía realizar antes”, dijo el mago con lágrimas en los ojos.
El hada miro al mago y con una sonrisa extendió su mano y una bella hada pequeña salió entre los arbustos, la niña reía dulcemente, y su forma de hablar eran cánticos que parecían provenientes de los mismos ángeles.
- “ella es mi aprendiz, ella te ha buscando por todas partes, te guió hacia aquí con su canto y se presento hacia ti como el anciano mendigo en el pozo del pueblo”, dijo el hada con una sonrisa en su rostro.
El viejo mago aun atónito, seco sus lágrimas, se acerco a la imagen en el arrollo, se arrodillo para quedar frente a ella, tocó el agua suavemente con sus dedos, miro al hada a los ojos y le dijo con voz gentil: “Dime como puedo ayudarte, por ti lo haré”
El hada movió su mano y un remolino se formo en las tranquilas aguas del arrollo, y una imagen apareció entre ellas, era una flor de plata, plantada en lo alto de una montaña nevada que a pensar del frío y el ambiente árido la flor no estaba marchita.-“Tienes que traerme esa flor” dijo el hada, -“con ella y unas palabras mágicas quedare libre”.
El mago reconoció el lugar, sabia que estaba muy lejos a muchos días de distancia, pero estaba decidido; iba a ayudarla.
El mago partió del arrollo rumbo a su casa, con el fin de alistarse para tal hazaña, entro como un rayo, tomo un costal viejo y sucio, lo lleno con alimento, tomo unos frascos con pócimas mágicas, cuerno de rinoceronte azul para el cansancio, barbas de duende de oro, para iluminar lugares oscuros y un poco de pétalos de girasoles de campos del norte, para darle sabor a la sopa de piedras que el cocinaba.
Tomo todas sus cosas y se fue por el camino que recordaba para llegar a la montaña donde se encontraba la flor de plata, mientas emprendía su camino, sentía que alguien o algo seguía sus pasos, pero al voltear solo el silencio y el viento entre las ramas de los robles mas viejos y altos lo seguían. Siguió su camino pensando en como iba a poder llegar tan lejos si solo era un viejo mago triste y solo, cuyos poderes no podía hacerlo feliz; en eso un dulce cántico llego a sus oídos: -“ llegaras, llegaras y a mi maestra liberaras, la felicidad será eterna y nada os detendrá”.
El mago asombrado volteo y vio a la hermosa hadita, la que cantaba dulcemente y su risa era de ángel: -“ ¿que haces aquí pequeña?” – Pregunto el mago a baja voz, -“vine a seguirte vine a ayudarte, pues mi tarea es esa, ir y buscarte”, -“yo te guiare por el buen sendero y algunos de los peligros los defenderé con esmero, tu felicidad será eterna si el Hada del bosque al fin el arrollo la libera”, dijo la pequeña hada con su mirada y voz celestial.
Ambos siguieron caminando y la hermosa hadita no dejaba de cantar, eso hacia que el mago dejara de pensar en sus miedos y tuviera esperanza.
- -“¿puedes cambiar tu forma física entonces pequeña?”, pregunto el viejo recordando al mendigo en el pueblo, -“bien me enseño mi maestra, bien que me enseño, pero cambiar mi forma, es algo que dentro de mi surgió”, dijo la niña riéndose pícaramente.
Muy cansado el mago decidió sentarse en una gran piedra que en su camino apareció, saco un pañuelo que guardaba, lo extendió y seco su frente, sin darse cuenta que unos polvos mágicos dorados cayeron del pañuelo sobre la piedra en que se había sentado a descansar sus flacas piernas, de pronto, la gran piedra comenzó a moverse, mago se tiro al suelo sin saber que provocaba que una cosa inerte se moviera y sus ojos quedaron atónitos con lo que vio….
Continuara…

1 comentarios:
Y el público reclama la cuarta parte XD, ¿para cuando estara lista?
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