El amistoso duende cumplió su prometido, y les llevo unos mantos largos de buen tamaño que habían dejado olvidado unos antiguos expedicionarios orientales que buscaban nuevos ingredientes para sus medicinas, llevó también un gran caldero de sopa caliente que apenas podía llevar a cuestas, por el gran tamaño del caldero a comparación al tamaño del duende, pero él gustoso ayudó a los dos viajeros.
El mago y la niña estaban más que muertos de frio y cansancio, las flacas piernas del mago no paraban de temblar y la niña hada no podía ni hablar por tanto titiritar de frio, sin embargo al estar al fin refugiados y con una gran ayuda de un amable desconocido hizo que todo el cansancio y el frio se disipara en un instante.
Después de unos sorbos de aquella cálida sopa y al estar bajo el abrigo de esos mantos tan finos bordado con hilos de oro y con figuras de dragones en su estampado le pudieron al fin dar las gracias a aquel pequeño ermitaño.
-“se han arriesgado mucho al venir a estos desolados lugares”. –dijo el duende de la primera montaña nevada. “es peligroso este ambiente, por lo árido de su clima, y más para un viejo y una pequeña niña”. –añadió.
-“nuestro propósito es solamente uno, y del cual creo que es de noble Azaña, esta joven hadita tiene una maestra que solicitó mi ayuda ya que se encuentra encerrada en el reflejo de un arroyo, victima de la maldad de un mago sin corazón que quiso adueñarse del bosque”- le explicó el viejo mago al muy amable duende.
Después de una platica y con las aclaraciones ya hechas, el duende les aconsejo a los dos agotados personajes que descansaran y tomaran fuerzas para seguir con su travesía que sería algo larga.
Ambos hicieron caso al duende y durmieron hasta que llego el amanecer y un rayo de sol impacto los ojos del mago de gran corazón; él se incorporó y al salir de la cueva vio aquel paisaje tan espectacular; una cordillera de montañas nevadas cuyo reflejo del sol hacia que aquella imagen fuera perfecta.
-“Que maravilla de montañas, esta imagen me da fuerzas para seguir adelante con mi objetivo.- dijo el mago asombrado aun ante aquella hermosa mañana.
Dulcemente fue a despertar a la Hadita que aun dormía entre aquellos mantos tan acogedores, al estar ya en pie fueron a la casa del duende de la montaña nevada para darle nuevamente las gracias y devolverle aquellas suaves y cálidas prendas y a la vez despedirse para seguir con su viaje hacia la flor de plata.
El mago tocó la pequeña puerta de la muy pequeña casita y el pequeño duende los atendió con una gran sonrisa en su rostro, que levantaba sus redondas y coloradas mejillas.
-“he de advertirles que existen dos guardianes más en las otras dos montañas negadas que existen, el segundo es un ogro herrero de buenos sentimientos y el tercero de ellos es un minotauro algo codicioso y no muy sabio, que fue confinado a la ultima montaña como castigo por haber querido robar el cetro de un gran rey, y se dedicó a cuidar con recelo la flor de plata.- explico de forma muy preocupada el pequeño amable duende.
Ambos, el mago y la hadita, siguieron su camino hacia la segunda montaña nevada, esperando que el segundo guardián sea tan amable y tan generoso como el primero.
Caminaron hasta que noche hizo su aparición y llegaron a la cima de la segunda montaña donde vieron una hermosa casa hecha en metal con finos acabados y hermosos trazos hechos a mano, llegaron hacia la puerta, también forjada a mano, y pudieron ver un nombre escrito en ella que decía: “Kronus el Herrero”, el mago tocó a la puerta y una figura gigantesca abrió aquella pesada puerta…
By KimFruFe
El mago y la niña estaban más que muertos de frio y cansancio, las flacas piernas del mago no paraban de temblar y la niña hada no podía ni hablar por tanto titiritar de frio, sin embargo al estar al fin refugiados y con una gran ayuda de un amable desconocido hizo que todo el cansancio y el frio se disipara en un instante.
Después de unos sorbos de aquella cálida sopa y al estar bajo el abrigo de esos mantos tan finos bordado con hilos de oro y con figuras de dragones en su estampado le pudieron al fin dar las gracias a aquel pequeño ermitaño.
-“se han arriesgado mucho al venir a estos desolados lugares”. –dijo el duende de la primera montaña nevada. “es peligroso este ambiente, por lo árido de su clima, y más para un viejo y una pequeña niña”. –añadió.
-“nuestro propósito es solamente uno, y del cual creo que es de noble Azaña, esta joven hadita tiene una maestra que solicitó mi ayuda ya que se encuentra encerrada en el reflejo de un arroyo, victima de la maldad de un mago sin corazón que quiso adueñarse del bosque”- le explicó el viejo mago al muy amable duende.
Después de una platica y con las aclaraciones ya hechas, el duende les aconsejo a los dos agotados personajes que descansaran y tomaran fuerzas para seguir con su travesía que sería algo larga.
Ambos hicieron caso al duende y durmieron hasta que llego el amanecer y un rayo de sol impacto los ojos del mago de gran corazón; él se incorporó y al salir de la cueva vio aquel paisaje tan espectacular; una cordillera de montañas nevadas cuyo reflejo del sol hacia que aquella imagen fuera perfecta.
-“Que maravilla de montañas, esta imagen me da fuerzas para seguir adelante con mi objetivo.- dijo el mago asombrado aun ante aquella hermosa mañana.
Dulcemente fue a despertar a la Hadita que aun dormía entre aquellos mantos tan acogedores, al estar ya en pie fueron a la casa del duende de la montaña nevada para darle nuevamente las gracias y devolverle aquellas suaves y cálidas prendas y a la vez despedirse para seguir con su viaje hacia la flor de plata.
El mago tocó la pequeña puerta de la muy pequeña casita y el pequeño duende los atendió con una gran sonrisa en su rostro, que levantaba sus redondas y coloradas mejillas.
-“he de advertirles que existen dos guardianes más en las otras dos montañas negadas que existen, el segundo es un ogro herrero de buenos sentimientos y el tercero de ellos es un minotauro algo codicioso y no muy sabio, que fue confinado a la ultima montaña como castigo por haber querido robar el cetro de un gran rey, y se dedicó a cuidar con recelo la flor de plata.- explico de forma muy preocupada el pequeño amable duende.
Ambos, el mago y la hadita, siguieron su camino hacia la segunda montaña nevada, esperando que el segundo guardián sea tan amable y tan generoso como el primero.
Caminaron hasta que noche hizo su aparición y llegaron a la cima de la segunda montaña donde vieron una hermosa casa hecha en metal con finos acabados y hermosos trazos hechos a mano, llegaron hacia la puerta, también forjada a mano, y pudieron ver un nombre escrito en ella que decía: “Kronus el Herrero”, el mago tocó a la puerta y una figura gigantesca abrió aquella pesada puerta…
By KimFruFe
